Allí estábamos, por fin, todos reunidos, en Badajoz. Asombrosamente, no estábamos de boda, ni vestidos de gala ni corbatas estranguladoras, solo nosotros y nuestros vaqueros gastados... bueno, menos "el farma" que se pone pantalones de más categoría.
Empezó el fin de semana de cañas por el casco antiguo de la ciudad. Entre cervezas y tapas de chorizo con huevos fritos (horas después, y a consecuencia de esto, hubo un viaje a la farmacia más cercana a por el socorrido Almax) risas y apostostolización tecnlógica se unieron en bares y tabernas.
A la hora del café llegaron más amigos, tres más. Juntos, dimos un paseo por la urbe, riendo y haciendo el payaso, a ver a quién se le ocurría la tontería más grande (si son muy tontacos, pero son nuestros colegas, así que cuidao que os meto) Y llegó la tentación, la delicia, un orgasmo para el sentido del gusto ¡¡viva Yoyogur!! Terracita hasta que cayó la noche y más risas.
Cenamos juntitos, como debe ser y como debería ser más de lo que es. Jugamos, como niños pequeños, a poner voces aspirando helio. Carcajadas y la locura de nuestro particular e inigualable perro-persona acompañaron el espectáculo (de eso hay documentos multimedia que esperamos no se hagan públicos nunca)
Y, al fin, llegó el elixir de tierras serbias que nuestra amiga "la exploradora" nos ofreció.
-¡Por nosotros, porque esto se repita muchas veces!
-¡Por los recién casados, disfrutad de la vida!
-¡Brandiiiii Huevooooo Tototeeee!
-¡Salúuuuu! (con cierta dificultad a estas alturas)
-¡No hay quinto malo!
-¡Jkianodubeutihb! ¡Vivaaaaa!
-¡Estamos en el séptimo cielo!
Hasta siete, que sepamos, fueron los tragos que quemaron nuestro gaznates y nuestros estómagos. Pero todo lo bueno, y lo malo también, se acaba, y el rajkia no iba a ser una excepción, las últimas reservas que le quedaban a "la exploradora" en casa, aunque, sin duda, mereció la pena.
Una mañana, sin consecuencias por la noche anterior, nos esperaba al día siguiente, una mañana para pasear por los puentes y el casco antiguo de la ciudad. Pero llegaron las despedidas, amargas sin duda, cada uno partió a su destino, contentos por haber pasado un gran fin de semana, triste por temer que aquello no sucedería de nuevo hasta pasado un tiempo.
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